Antes de nada, para los que no conozcáis el tema os podré en antecentes: en 2017 ReSet, un youtuber que acumulaba 1.1 millones de suscriptores aceptó el reto de uno de sus seguidores de rellenar galletas oreo con pasa de dientes y salió a la calle a entregárselas a personas sin hogar. Se encontro en la puerta de un supermercado Lidl a Gheorge L., que pedía limosna y le entregó 20 euros y el paquete de galletas. Grabó la escena y la subió a Youtube.

El caso es que el video se viralizó rápidamente y aunque ReSet borró el video de su canal el daño y la vejación pública ya estaban hechas. Inclusive, le dio 300 euros a la hija de Gheorge para que no le denunciase tal y como recoge la sentencia a la que ha tenido acceso El País.

«No ha sido un acto aislado», remarca la sentencia, que recuerda cómo en otros vídeos ReSet mostró «comportamientos crueles» y siempre con «víctimas fáciles o vulnerables». Algo que no negó en el juicio: «Si me meto con gente más musculosa, me arriesgo a que me peguen, que la gente tiene muy mala leche». Kanghua (ReSet) ofreció, por ejemplo, sándwiches con excrementos de gato a ancianos y niños en un parque.

El País

Ahora, la juez de Barcelona le ha condenado a 15 meses de prisión – pero no irá a prisión por falta de antecedentes- le ha prohibido usar Youtube durante 5 años y tiene que pagar una multa de 20.000 euros por daños morales.

Aquí es dónde encontramos la problemática (a falta de ver la sentencia). La prohibición del uso de Youtube está muy bien si se refiere a la monetización y creación del contenido en la plataforma, pero si incluye el acceso a la misma será difícil sino imposible controlarlo sin vulnerar la intimidad de ReSet.

Por otra parte, como creador de contenido y dada la legión de seguidores que tenía no sería raro verle desembarcar en Twitch, plataforma dónde las donaciones y el pago por suscripciones es más común, y alcanzar otra cifra de seguidores como la de YouTube en poco tiempo.

Pero el problema real somos nosotros.

Sí, nosotros como usuarios que demandamos ese tipo de videos, que compartimos «porque nos hace gracia ver a ancianos comiendo sándwiches rellenos de excrementos» o «porque mira el vagabundo que no tiene ni idea de que las galletas llevan pasta de dientes»; somos nosotros los que «creamos» a este tipo de youtubers/tuiteros/instagramers y demás.

Al final olvidamos que estos «creadores de contenidos» (si puede recibir este calificativo) viven de ello porque hay gente que lo ve, lo comparte y, llegado el caso lo viraliza. La gente demanda y ellos cumplen.

Cuando tú visualizas y/o compartes el video eres tan o más culpable que el que lo ha hecho.