Desestima el recurso del condenado, que pretendía una relación amorosa con su compañera de trabajo y la sometió a continua vigilancia.

La mujer tuvo que cambiar de domicilio por el seguimiento del que estaba siendo objeto y será indemnizada con 2.000 euros por daño moral.

La conducta para ser delito debe tener vocación de prolongarse el tiempo suficiente para provocar la alteración de la vida cotidiana de la víctima.