La tecnología lleva con nosotros el suficiente tiempo para asumir que ha venido para quedarse y que, si bien es cierto que a todos nos puede costar más o menos, la manida excusa de “yo es que de esto no entiendo” está ya añeja.

Después de darle mil vueltas, creo que lo primero que hay que saber es:

1.- Apagar el ordenador

Hoy día, es muy sencillo: presionas con un toque el botón de encendido (que sí, que tiene) y, si lo tienes bien configurado, lo normal es que te cierre todos los programas y se apague, cortando el fluido eléctrico y minimizando el consumo de potencia. El propio sistema operativo se encarga de aparcar las cabezas del disco duro (en caso de que sea uno electromagnético), y quedarse preparado para un próximo arranque, sin tener que hacer nada más.

Peeero, ojito con la presión del botón. Es sólo un toque, si lo mantienes pulsado más tiempo de la cuenta el sistema corta a lo bestia ese suministro eléctrico y estropeará el disco duro, que es el elemento que almacena nuestra información. Es lo peor que nos puede pasar.

Batallita: A un cliente, un «técnico» le dijo que apagara siempre el ordenador así, ya que se había equivocado en la configuración del mismo y terminó estropeándole el disco.

Muchos usuarios, especialmente los que emplean Mac, no se preocupan por su apagado. Suele “apagarse” cuando llevan un intervalo de tiempo sin emplearse. Existen 2 estados más, aparte del apagado, que son:

  • Suspendido: El sistema entra en una especie de apagado, pero no desconecta el procesador, consume menos energía pero continúa encendido, de forma que al mover el ratón o pulsar el teclado se encuentra rápidamente operativo. En equipos portátiles consumen toda la batería si se activa este estado, y después de quedarse “seco”, tarda bastante tiempo en resucitar. No es recomendable.
  • Hibernado: Esta característica está bastante optimizada desde hace tiempo, ya que el sistema operativo guarda en una zona del disco duro una copia literal de todo lo que tienes abierto en ese momento, y procede al apagado del equipo. Cuando vuelves a activarlo, puedes seguir trabajando donde lo dejaste.

Estos dos estados mencionados no se activan con el botón de encendido/apagado, a menos que lo tengas configurado así (a mí rara vez me lo piden, pero algún caso hay).

2.- Uso adecuado del ratón.

Cada vez más extendidos, los dispositivos apuntadores, denominados “ratones”, son ya ópticos, es decir, no llevan bola. Por medio de un sensor luminoso, detectan el movimiento al pasar por una superficie. Los de la última generación, funcionan incluso sobre cristal.

Ahora bien, hay un aspecto que debemos tener en cuenta, que sucede prácticamente en todo el planeta Tierra: el polvo existe, se suele depositar sobre todas las superficies y, luego llegamos nosotros, y movemos sobre ella el ratón.

El polvo se acumula en determinadas zonas de nuestro dispositivo… ¡¡¡y hay que limpiarlo (aunque sea de vez en cuando)!!!

raton.jpg

Para los que tienen bola (que los hay), el polvo se adhiere a los rodillos (A) donde la bola roza, permitiendo el desplazamiento. Si están llenos de «mugre» (por favor, elige el calificativo, porque también se pueden encontrar pelos, pelusas, y hasta bichos de más patas que yo), el ratón no deslizará, y siempre se le echa la culpa al ordenador.

Para los que tienen ratón óptico, y también para los de bola, las almohadillas (B) sobre las que se realiza el contacto con la mesa o alfombrilla, también se llenan de ese polvo, y si no se limpian con regularidad no se deslizan, sino que se atascan. En la foto se aprecia claramente que ese ratón no ha visto desde hace bastante una uña que lo limpie, pero también es cierto que es “de adorno” (lo usan mis peques y así se olvidan del mío, una frikada carísima)

Sé que leer estas palabras os hacen sonreír, pero no hay ocasión que vaya a visitar clientes y equipos que no me encuentre con las almohadillas sucias. Y por más que invierto en ratones de última generación, me paso el día limpiando las de los demás (una profesión con futuro, como veis, jaja)

3.- Cuidado del teclado.

El teclado es lo que nos permite interaccionar con los ordenadores, aunque existan los teclados virtuales (para los que utilizáis las pantallas táctiles), no me imagino programar una aplicación presionando una pantalla, por muchos puntos de presión que admita.

Pues bien, a ellos les ocurre algo similar: el polvo se acumula por las rendijas y, aunque no se nota tanto, cuando no lo uses deberías taparlo con un paño suave o algo que lo proteja.

Abstenerse de colocarles una pila de libros (lo he visto), dejarlo colgado cual jamón serrano o desconectarlo porque “estorba”. Claro que tampoco es el lugar más apropiado para comer alimentos que suelten migajas, ni que chorreen salsas y, por supuesto, ojo con las bebidas carbónicas: la glucosa que contienen crea cristales que se solidifican entre los muelles de goma de las membranas (en los teclados mecánicos, hace lo propio en los switches, que es lo que permite teclear), y eso no se puede secar, aunque lo desmontes, lo friegues y vuelvas a montarlo.

Para los portátiles: habréis observado que, cuando adquirís uno de estos dispositivos, suelen llevar una especie de gasa o protector para la pantalla, pues no, no es para ella, sino para evitar que el teclado se clave en ella. Si lo hace, os dejará las teclas marcadas en el LCD, y eso no se quita (NI SE TE OCURRA FREGAR CON AGUA LA PANTALLA). Si se te pierde, coloca un protector fino, NO UN TRAPO DE COCINA.

El punto siguiente sería hablar del espacio de trabajo, pero creo que es tan importante que se merece un artículo para él solo, así que pasamos a algo que incumple el RGPD…

4.- El envío de mensajes a varios destinatarios.

Cuando hemos de interactuar con otras personas por medio del correo electrónico, parece que no hay forma de enterarse… Hoy mismo me ha llegado un correo con todos los destinatarios visibles, alguno de los cuales no tengo ni por qué enterarme que sigue existiendo, jaja. Por si acaso, recordemos el uso de los programas de correo electrónico:

  1. Para: lógicamente, es el destinatario del mensaje. Si es para varios destinatarios, pones tu dirección de correo, así cuando lo mandes sabes que está todo correcto. Si es para uno solo, pones la de ese uno.
  2. De: Aquí va tu dirección. No importa que la hayas puesto antes si es para varias personas. Si no la pones, el programa de correo se acongojará (vamos, es obligatoria ponerla, siempre que vayas a hacer un uso razonable y no para otros menesteres que no vienen al caso).
  3. Asunto: Por favor, aquí se escribe algo relativo al contenido del mensaje. Nada de “urgente”, “importante” o cualquier otra cosa que no describa lo que tratas. Es una falta de educación considerable.
  4. CC: Acrónimo de “CON COPIA”. Aquí sólo se ponen los destinatarios que quieres que se vean. Por ejemplo, mandas un correo a toda tu familia, y no importa que se vean a quien se lo mandas. Pues perfecto. Pero imagina que además está el novio de una sobrina tuya… Si lo incluyes ahí, posiblemente no te abran más la puerta de su casa hasta que se le olvide, pues para eso tienes…
  5. CCO: Acrónimo de “CON COPIA OCULTA”. Oculta quiere decir que no lo va a ver nadie de los que incluyas en ese campo. Vamos, yo prefiero enviarlos todos así, porque soy humano y me equivoco cada 3 por 4 (especialmente en situaciones de alto estrés, demasiado frecuentes últimamente), y hay contactos que guardo como oro en paño, y que no le interesa a nadie conocer que los tengo.

Si ya dominas “lo mínimo de lo básico”, vas por buen camino para ser considerado un/una ciber. Y si no, recuerda que «el hábito hace al monje»

Cryptodeveloper & CiberForense en Jenhyal S.L.

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