La manipulación de la información, la desinformación, los bulos y las fake news están a la orden del día y cada vez mucho más de moda (o son más «necesarias«).

Pero lo cierto es que siempre han estado ahí con nosotros, acompañándonos desde el inicio de los tiempos, desde que somos personas, tenemos raciocinio, metas y objetivos (sean cuales sean) que alcanzar.

«La información es poder«. Así es. Por eso precisamente, la capacidad para manipularla y, con ello, poder interferir de forma consciente en los demás, en su forma de pensar, logrando alterar su opinión sobre las cosas y ser capaces de «dirigirles» intencionadamente… eso ya, es el Santo Grial.

Esto cada vez lo vemos más, y en especial en tiempos difíciles, tiempos de crisis, en estos tiempos que corren con la pandemia del Coronavirus, como hablábamos en nuestro artículo CoronaBulos, CoronaFakes, CoronaFraudes.

A diario nos enfrentamos a miles de mensajes, contenidos y noticias, desde diferentes fuentes y por diversos canales, que,

  1. Consumimos (o «necesitamos» consumir) de inmediato.
  2. Lo hacemos (o «necesitamos» hacerlo) los más rápido posible.
  3. Sin pararnos a pensar demasiado, actuando casi como autómatas o meros repetidores.
  4. Y, por tanto «consumiendo por encima«, a vuelo de pájaro, sin entrar en detalles.
  5. A priori, sin ningún tipo de filtro consistente, ni personal, ni de la fuente, ni del canal.
  6. Sin pararnos a analizar ni a aplicar un mínimo pensamiento crítico.
  7. Teniendo, parece que solamente, el imperioso afán de «moverla» lo antes posible entre nuestros contactos y conocidos en RRSS, etc.

Las noticias corren como la pólvora. Más aún en nuestro hiperconectado siglo XXI y lo será más años y siglos venideros. Incluso a veces una información recién recibida ya ha alcanzado su madurez o senectud casi antes de terminar de leerla o consumirla. La velocidad es pasmosa y lo será aún más en breve. La difusión de las noticias es cuasi-inmediata, tanto ciertas como falsas.

Ante esto unos tratan de poner un mínimo control para evitar dichas situaciones. En primer lugar y quizá el más importante de todos, mediante la concienciación y el fomento del espíritu crítico entre los ciudadanos. Esto es clave y sin ello estamos perdidos.

Otros tratan de establecer medidas diferentes y/o adicionales, más desde el punto de vista de procedimientos, administrativas, legislativas, jurídicas, etc.

Los hay que buscan aquellas de carácter técnico, tecnológico, e incluso inteligente, como la implementación de filtros automatizados en los canales, en los dispositivos, el desarrollo de algoritmos de análisis y decisión o recomendación de alerta, etc.

Es evidente que esto es un problema grave al que enfrentarnos. En materia de ciberseguridad, entre otras ciberamenazas, teníamos virus y malware en general de todo tipo, ransomware, troyanos, gusanos, etc., además de otros tipos de amenazas, ciberataques y técnicas de phishing, suplantación de identidad, ingeniería social, etc.

A todo esto, tenemos que unir ahora este «nuevo» vector de ataque. Quizá no como tal, o de forma pura y dura, pero sí muy sustentado en la ingeniería social y, sobre todo de forma muy especial en el factor humano (errare humanum est, también en ciberseguridad).

Esta es la foto y algo haremos para protegernos también de esto, pero es muy probable que la clave seamos nosotros mismos y nuestro pensamiento crítico, casi en exclusiva (al menos de momento).

Hasta aquí «relativamente» bien. Podremos aplicar el sentido común (el menos común de los sentidos) para detectar mensajes, noticias y contenidos que sean falsos, bulos, fakes… Pero ¿y en el caso de los DeepFakes? ¿Cómo haremos? Probablemente del mismo modo, ¿no?

Los DeepFakes son a los vídeos, lo que las Fake News son a las noticias. Es decir, son vídeos falsos, o vídeos sintéticos manipulados (directamente en ellos mismos, o en el modo y momento de su difusión) pero que «dan el pego», convencen y parecen verdaderamente reales. Esta es la siguiente batalla en la lucha contra la desinformación y la manipulación, tanto o más compleja que la anterior.

Si los bulos y las fake news nos parecían un problema y muy complicados de detectar (al menos en primera instancia), como un DeepFake esté «bien» hecho, a ver quién es el listo que lo detecta como falso (así, a bote pronto). Aquí sí que hay una profunda, ardua y extremadamente compleja labor de espíritu crítico, pero, sobre todo, de «investigación«, o de «semi-ciberinteligencia«.

Por otro lado, un DeepFake también podría ser un vídeo real, pero que, sin haber sido editado ni manipulado, se presente parcialmente, sesgado, sacado o presentado fuera de su contexto, etc. para que parezca lo que no es. Y, aquí, solo el (buen) criterio (y la profesionalidad en muchos casos) es quien puede ayudarnos.

Si el DeepFake es realmente manipulado, alguien lo podría haberlo hecho de muchas formas. Podría haber,

  • Alterado o modificado su sonido/audio, dándole más velocidad o reduciéndosela, montando otras pistas de audio adicionales, eliminando o no la pista de audio principal y/u otras secundarias, alterando una pista de audio con software especializado, etc.
  • Recortado o alargado, eliminando y/o introduciendo nuevos fotogramas e imágenes concretas, ajenos al vídeo original.
  • Modificado su calidad para hacer creer que se ha grabado en otras condiciones, de otro modo, y/o desde otro tipo de dispositivo y por otro tipo de personas, e incluso lugar.
  • Tratándose de manipulaciones sintéticas, podrían haberle generado e introducido personajes y elementos que no estaban en el vídeo original, o agregándolos e introduciéndolos en él y montándolo sobre él con edición y/o generándolos automáticamente por ordenador.
  • Modificado las características de los fotogramas e imágenes que contenía para alterar su aspecto… haciendo, por ejemplo, parecer mayor a una persona que no lo es tanto, envejeciendo su rostro, cambiando los tonos de colores, los focos de luz, cambiando la cara a un cuerpo, etc.

En definitiva, parece que un DeepFake es «algo más complejo» de detectar que un simple bulo o Fake News, ¿no? Nos la pueden «colar» perfectamente y ser incapaces ni tan siquiera de dudar sobre le veracidad del vídeo y de su integridad.

Pues, igual que en el caso de las Fake News… las primeras recomendaciones… «Be water my friend«… cuidado con el reclamo, atención a la realidad y a la realidad paralela, ten muy en cuenta el impacto que se pretende conseguir con ese vídeo… y cautela, prudencia, pensamiento crítico, sentido común, y sobre todo no tener prisas y difundirlo de inmediato sin tener la certeza de que es verídico…

¿Parece difícil no? ¡Ánimo! 😉

Muy aconsejable la consulta de este seminario básico de Reuters y Facebook al respecto.

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