Los autores aprovechaban un servicio de chat anónimo, cifrado y desechable que permite crear “salas” a las que se accede bajo invitación, y cuyo contenido se destruye sin dejar rastro una vez que todos los participantes abandonan la conversación

Esta identidad virtual recreaba la apariencia de una niña filipina de 10 años.

Simulaba ser un adolescente en las redes sociales y pedía imágenes sexuales como parte de un intercambio, con la promesa de enviar luego fotografías de la supuesta menor bajo la que se ocultaba.