Hoy vengo a contaros un poco «mi vida» o mejor dicho, a contaros un poco el nivel que hemos alcanzado con las respuestas en las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea.

Tengo una amiga, a la que llamaremos Antonia para preservar su privacidad, que vive por y para el WhatsApp. Me explico.

Para Antonia todo gira en torno a esta aplicación de mensajería instantánea. Amigos, familiares, conocidos, relaciones amorosas… La atención que estas personas depositan en Antonia, esta la mide en la velocidad a la que le responden al WhatsApp cuando ella les escribe.

El otro día, sin ir más lejos tuvimos esta conversación:

—Lleva horas y horas sin contestarme. Eso es que ya no le gusto — me dijo Antonia preocupada.

—Bueno, probablemente este ocupado y se le haya pasado contestarte… No deberías darle más vueltas — la contesté sin darle la menor importancia.

—Ayer me dejó de hablar a él le tocaba contestar a las 10 de la moche y me contesta a las 10 de la mañana… Eso es que pasa de mi — estaba muy preocupada con el tema, como siempre.

—Que no sea el más rápido contestando, no significa que no le intereses.

Antonia es el ejemplo perfecto, pero hay muchísimos hombres y mujeres a los que les sucede algo similar; buscan la respuesta inmediata y en caso de no obtenerla se frustran/enfadan.

Este tema es especialmente sensible en el ámbito de las parejas y, sobre todo, en las parejas jóvenes, ya la sana preocupación por la otra persona, puede acabar derivando en una necesidad imperiosa y obsesiva de (ciber)controlar los movimientos de la pareja.

Es cierto que se llama aplicación de mensajería instantánea y que, dada la inmediatez, favorece la comunicación en tiempo real y las respuestas rápidas, pero no podemos caer en el equívoco de pensar que las personas tienen la obligación de contestarnos al instante.

Cuando recibimos un whatsapp o un mensaje por otra vía, siempre que no sea laboral o de nuestros padres que ahí nos pueden echar la bronca y con motivo, NO tenemos la obligación de responderlo al instante.

Podemos entrar, leer un mensaje, no responder y no pasa nada. Nadie puede ofenderse porque hayamos dejado su mensaje en leído, porque no le hayamos contestado en unas horas o porque estemos conectados sin contestarle.

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