No son las pantallas. No son los móviles. Son los prismas invisibles que hemos empezado a usar para interpretar la realidad. Herramientas que nacieron para registrar el mundo y que, poco a poco, han empezado a sustituirlos.

Estos “prismas” que usamos en nuestro día a día, tienen una cosa malísima y es que los estamos asumiendo como nuestros, adaptándonos a ellos y convirtiéndolos en una parte fundamental de nuestras vidas. 

Esto no es todo, hay algo peor, algo que nos dice que han llegado para quedarse, algo que nos prevé un futuro más complicado. Se los estamos trasladando a las nuevas generaciones, que no van a ser capaces de ver el mundo si no es a través de estos “prismas”.

Si recientemente has estado en algún tipo de evento multitudinario, ya sea un concierto, un evento deportivo o, simplemente a ver unos fuegos artificiales, si tienes una mente crítica te habrás dado cuenta de un elemento común. Hay algo que se repite como condición sine qua non en todos ellos. 

Puede que estes pensando en la masa de personas que están presentes en ellos y no, no lo es. Es lo que hace la masa. Es cómo la masa disfruta del espectáculo. Es cómo las personas que forman esa masa ven el espectáculo. Es el uso masivo de los dispositivos para grabar y, en muchos casos, ver a través de sus pantallas, lo que están viviendo. Es el uso de los “prismas” para ver el mundo. 

No estamos presentes, decía un profesor que tenía yo en el colegio cuando estábamos hablando de otra cosa durante sus clases. 

Hoy en día es una realidad. 

Estarás pensando que exagero, pero te pongo otro ejemplo. Ahora que pero que estamos en época veraniega, es muy común que los pueblos tengan sus fiestas en estas fechas, y te voy a proponer que hagas un ejercicio si vas a alguna de ellas. Fíjate bien, estate presente y fíjate en la gente que acude y cómo actúan. Suscribirse

Te vas a dar cuenta de que la gran mayoría de la gente graba el evento que esta presenciando (la finalidad si os gusta este artículo hablamos de ella en otro) y, lo peor de todo, es que ven el espectáculo que están viviendo a través de la pantalla del dispositivo. Pesa más que el encuadre del vídeo sea bueno que disfrutar de lo que se está viviendo.

No estamos presentes en el momento porque estamos ocupados capturándolo para un futuro que tal vez nunca llegará. Vivimos la experiencia a través de una pantalla en lugar de directamente con nuestros sentidos. Nos hemos convertido en espectadores de nuestra propia vida, viendo los momentos pasar a través de un ”prisma” digital.

Esta obsesión por documentar cada instante, por compartirlo en redes sociales, por buscar la validación inmediata en forma de “me gusta” y comentarios, está cambiando nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. Nos está llevando a una desconexión progresiva con el presente.

Pero lo más preocupante es el impacto que esta tendencia tiene en las nuevas generaciones. Los niños y adolescentes están creciendo en un mundo donde la validación externa es casi más importante que la experiencia interna. Donde lo que importa no es tanto lo que vives, sino cómo se ve lo que vives para los demás. Están aprendiendo que su valor está ligado a la cantidad de likes que reciben, y que no es suficiente disfrutar de un momento si no puedes compartirlo online

¡Qué exagerado! Estarás pensando y puede que tengas razón. 

Puede que las nuevas generaciones, a las cuales se les sienta en una sillita de bebé y se les otorga una pantalla para que no molesten, cuando sean mayores, sean una masa alienada de lo que dice la pantalla y no se fíen de sus sentidos, ni de lo que dicen sus propios padres. 

Aunque no lo creas, estamos en el momento de dejar los “prismas” de lado y volver a disfrutar de las experiencias que vivimos. De olvidarnos el móvil cuando salgamos a la calle. De disfrutar de los momentos sin preocuparnos por fotografiarlos. De estar presentes.

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